Fotos y palabras por Karla Robles (@karlatrobles)
Para Dani y para mí, La Vuelta a Hermosillo ha sido un pretexto para invitar a amigxs a que nos visiten y llevarles a rodar por los caminos de terracería que poco a poco hemos ido descubriendo y explorando alrededor de nuestra ciudad, caminos que conectan rutas de ciclistas locales, ejidos y rancherías. El año pasado, Dani me preguntó si creía que nuestros amigos querrían venir a rodar con nosotros, y sin pensarla demasiado le conteste que sí, sobre todo porque a veces nos sentimos en desarraigo de nuestro hogar y también por el deseo de formar y ser parte de una comunidad con personas de pensamiento y gustos similares al nuestro.


El año pasado decidimos abrir una convocatoria de invitación a lo que fue La Vuelta a Hermosillo 2024, una especie de experimento para saber si la gente tanto local como de fuera les gustaría rodar por los caminos de tierra que tanto nos gustan. Fueron seis personas foráneas las que atendieron esa invitación y todavía hasta ahora nos cuestionamos si de verdad valdrá la pena venir de fuera a rodar en Hermosillo, pero hemos escuchado buenos comentarios y eso nos ha motivado a organizar la segunda edición, La Vuelta a Hermosillo (LVH) 2025.



Una serie de eventos desafortunados el año pasado hicieron que los dos días de rodar no pudiera hacerlo debido a una gastroenteritis muy aguda que casi me manda al hospital y que me debilitó al punto de hacerme bolita del dolor y no poder estar lejos de un baño; con la moral en los suelos, no me quedó más remedio que estar monitoreando a los plebes de lejitos, viendo el punto de un mapa moverse por nuestras rutas mientras tomaba suero y esperaba los mensajes que me enviaba Daniel sobre la actualización de su paso. Nuestros amigxs quedaron contentos y con deseos de volver a hacerla el próximo año, pero nosotros viviendo en la incertidumbre no sabíamos si eso pasaría, todavía faltaba un año en que podían pasar muchas cosas.




Llegó el verano y ya con el deseo de rodar, de hacer comunidad y volver a ver a nuestros amigxs decidimos convocar de nuevo, con la convicción de que nuestra situación mejoraría y yo podría por fin hacer la ruta, y así fue, hicimos algunos cambios y mejoras en la logística de nuestra vida y contactamos a una ilustradora que admiramos desde lejos para trabajar en colaboración en el diseño de la invitación. Por fin sacamos el cartel y estuvimos muy sorprendidos por la respuesta de la gente. Personas de la Ciudad de México y de Guadalajara decidieron venir y también algunas amistades de Tucson, Nuevo México y Seattle en los EEUU.




Aprovechando que nuestra amiga Eli de Básica Estudio y Mali de Somos Bicis se inscribieron a LVH de este año, se nos ocurrió agregarle un componente educativo al evento con unas charlas en el espacio que ofrecieron nuestros amigos de Double Black Workshop para reunirnos, convivir, escuchar, aprender y dar por inaugurada La Vuelta a Hermosillo. Eli y Mali nos hablaron del trabajo que hacen como Básica Estudio en la fabricación de bicicletas a medida y cómo han transformado su taller convirtiéndolo en un espacio seguro para mujeres y disidencias interesadas en aprender sobre bicicletas, arte y letras y formando el taller comunitario Somos Bicis.




Después de una serie de preguntas y una conversación muy interesante con ellas, seguían los días de rodadas, el sábado planeamos hacer una de las rutas más famosas entre ciclistas locales, La Sequía, nos reunimos muy temprano para ir a pedalear los 40km que ofrecen esos caminos de subidas, bajadas, arena, terraceria compacta y vistas increíbles de la presa El Molinito, una excelente probadita del tipo de terreno que nos gusta pedalear en Sonora y una iniciación para el día siguiente. Después de completar esta ruta fuimos a comer a un restaurante vegano y saludable de nuestra ciudad para convivir y prepararnos para la ruta estelar.

En particular, desde el verano me puse la meta de esta vez estar más presente y completar la ruta, semanas antes al evento estuve cuidando de mi, hidratándome y reduciendo los niveles de estrés para evitar una gastroenteritis y además, tratando de evitar cualquier cosa que pudiera ocurrirme y que me impidiera hacer la ruta. Las personas empezaron a inscribirse a las distancias que consideraban seguras para ellas y cuando me preguntaban a qué ruta me inscribiría les respondía que dejaría fluir a mi bici y a mi cuerpo hasta donde consideraran hacerlo, evadiendo miedos, frustraciones, pensamientos negativos o condiciones físicas que rebasaran mis posibilidades.






Y es que los últimos años he aprendido a escucharme, a observarme más, respetar mi cuerpo y mi mente y hacer caso a las señales que me manda, si es necesario parar, beber agua, comer, disminuir el ritmo sin castigo y tampoco sin ninguna gloria más que silenciar las voces que me han dicho que no puedo; mi objetivo era llegar tan lejos como pudiera, sabiendo que cuento con la ventaja de conocer los caminos que tantas veces habíamos rodado. Primero me propuse darle hasta donde me llegara el atardecer que es alrededor de las 5:30pm, aprovechar la luz y no rodar de noche, después empecé a cuestionar esta idea, la rodar de noche, si siempre me ha gustado ese viento, la calma, el silencio y la luz que resalta en la oscuridad, entonces, me dije que yo podría rodar de noche, un día antes estaba convencida de terminarla, a mi paso, a mi ritmo, a cualquier velocidad que esa fuera, incluso me repetía que yo estaba preparada para rodar de noche siendo autosuficiente.

Cargando con nada más que con el convencimiento de rodar lo más posible salí junto a otras 42 personas que cargaban con sus propios objetivos, en pareja o en grupos, yo, con la pena y con el deseo de conocer y convivir con amigues no podía faltar a mi palabra interior, la de terminar la mayor distancia que me fuera posible, no por un sentido de competencia sino porque sentía muchas ganas de rodar a mi propio ritmo, en soledad pero acompañada de mi, una demostración sobre la capacidad que he construido de resistir, una revancha al año pasado y a la gastroenteritis que no me dejó pedalear, un deseo por volver a sentir el sol y el sudor en la cara, y así fue, durante todo el trayecto estuve en comunicación con mi cuerpo y mi mente, me sentía feliz, segura, todxs parecían contentxs de estar aquí, Daniel en su propio camino con su meta y acompañado de amigos me hacían pensar en lo feliz que él también estaba siendo, un alivio necesario en nuestras vidas.


En una parte del camino me encontré con nuestro amigo Pedro, con quien terminé la otra mitad de la ruta porque íbamos al mismo ritmo, a veces lo veía en el horizonte, y a veces él me veía en el horizonte. Pedro fue un gran compañero, saberlo cerca pero en su propio camino y con su propio objetivo me hizo pensar en que la soledad no es aislamiento, también es compañía, sin ser carga, sin interrumpir el paso del otro, simplemente rodando al lado, al frente o detrás.

Después de 120km, Daniel me esperaba en casa, terminé a la luz del atardecer, con muchos pensamientos más claros que me rumiaban y con una sonrisa en mi rostro. Ha pasado una semana, y seguimos hablando sobre lo feliz que fuimos de ser anfitriones de este movimiento que esperamos crezca, que nos sigamos encontrando en muchos caminos, que sigamos creciendo y rodando por cualesquiera que sean las distancias en este y otros territorios. Sobre La Vuelta a Hermosillo 2026, no hemos decidido si volverá a suceder pero tampoco significa que no se hará, pueden seguir al Sonora Gravel Social Club (@sonoragravelsocialclub) para estar al pendiente.

En este enlace encontrarás una carpeta con MUCHAS fotos. Si estuviste presente en el evento y encuentras una donde salgas, siéntete libre de descargarla y publicarla, ¡y recuerda etiquetarnos para ir a verla!
Hicimos bidones y playeras con el diseño de La Vuelta a Hermosillo de este año, además de la ya clásica playera del Sonora Gravel Social Club, las cuales puedes ver en algunas de las fotos de esta publicación. Si quieres adquirir la tuya puedes mandarnos un mensaje por facebook o instagram para conseguir la tuya.
